Una cumbre de sociedad civil que es semilla de un tiempo hermoso #populusaurio

Otro mundo es posible.

El movimiento altermundialista, cuya máxima expresión se encuentra en los foros sociales mundiales ha colocado un rótulo a esta época: otro mundo es posible. El diálogo comienza desde allí. Fernando Atria, asesor en el tema del cambio constitucional de Michelle Bachelet incluye esta frase como capítulo en su último libro. Es, decididamente, un lema que gobierna a la Humanidad.

Otro mundo puede ser reconocido ahora. Otro mundo es real. Solamente requerimos cambiar la óptica, limpiar la visión y atenernos a las consecuencias de una nueva panorámica. Lo que describe la actualidad es la profecía. El rezo de los ancianos sabios de pueblos originarios que vaticinaron una época en que volvería el sentido común a imperar en la Tierra. Estamos recién comenzando dicho proceso y eso es un acontecimiento muy feliz para celebrar. Retorna la Federación galáctica a brillar en el firmamento.

La importancia de la foto anterior es que reúne en un mismo grupo a  quienes sostienen el pulso de la Asamblea Constituyente, a quienes sostienen la primacía del cambio valórico para dar cauce a la solidaridad y al apoyo mutuo, a quienes velan por la implementación de una educación incluyente, intregral y holística, a quienes cuidan y procuran la limpieza de las aguas y a quienes velan por el buen trato de lo público.

El panorama actual es una coyuntura sin igual para la expansión de la conciencia colectiva. Basta invocar al genio colectivo y considerar los consejos de los líderes de las Naciones originarias. La pluralidad de candidatos presidenciales y el hastío de la política tradicional son componentes de una sopa espléndida.

Entre esos consejos, todavía es tiempo del resguardo interior. Es invierno. Acumulemos fuerza en la semilla de la intención porque Septiembre viene con todo. Sabemos que en primavera en el Cine Arte Alameda estará la exposición del legado de Roerich. Es el tiempo de auto-convocarnos a difundir el símbolo que retrata nuestro propósito común. La construcción de una cultura de paz.

El diálogo social, por fin, tiene muchas tribunas desde donde ventilarnos con brisas frescas y alientos de vida.

La co-creación del relato social.

El cuento de nuestra época es impresionante. Durante largos decenios los líderes han gobernado en la creencia de construir civilización. Hoy, descubrimos que en todo ello hubo sutiles autoengaños que nos han llevado a la decadencia y a la corrupción total. El reflejo del orden social injusto se expresa en las aguas contaminadas. ¡Ríos y mares, océanos!

El clímax de nuestro relato es que decimos: ¡Despertamos! Nos ayudamos a despertar los unos a los otros. ¡Despierta la cultura de cooperación! Fantástico pero cierto. Al decir esto, los abuelos y las abuelas, los sabios sonríen un poquito. Es lo que estaban esperando. El hombre blanco perdido encuentra el rumbo y descubre que las cosmovisiones de los pueblos originarios representan la firmeza con la cual podremos salir de este peligro. El patriarcado se desmorona y surge la Nación del arcoiris.

Los mestizos, descubrimos que somos familia, con todos los seres de todos los reinos.  Levantamos a los abuelos y a las abuelas y sobre todo a los abuelos y a las abuelas que moran en nosotros. De esto trata esta época.

¡Por eso, aparecen las banderas nuevamente!

#Populusaurio

En Chile, la sociedad civil se reúne con frecuencia en grandes encuentros. El foro social chile ha sido la mayor gesta de unificación. Populusaurio de todos modos ha resultado un maravilloso acierto y la dinámica final (open space) ha retratado lo que nos une hoy, por hoy: la asamblea constituyente que impulse una nueva sociedad. Queremos magia, alegría y felicidad. Eso se logra con cooperación y limpiando las aguas. ¡Intencionando semillas libres! Educación de calidad y para todos, gratuita o accesible, que nos prepare para el buen vivir. Queremos que lo público esté gobernado por el corazón.

La foto de populusaurio no deja margen de duda: La bandera de la Paz ha llegado a guiar el proceso. Nuestro destino es acabar con las guerras y ser, como generación, los autores de esta aventura épica en que nos limpiamos a nosotros mismos y así nos comprometemos con la simplicidad de ser devotos amantes de nuestra Madre Tierra.

Jallalla Pachacutik

 

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