Los Mapuches son un pueblo de Paz

Hoy es el tiempo de asumir conductas de paz y de gozar la vida, porque estamos llamados a construir la historia más hermosa jamás contada. Somos los que nos hemos escogido para nacer en este momento y para organizarnos, para acabar con las guerras y para construir el nuevo mito. Somos la leyenda del mañana. Somos los que hemos venido a escribir la victoria de la Paz en todas nuestras relaciones. Esta es la perspectiva en la que redacto algunas líneas sobre los Mapuches: los hombres de la Tierra.

La verdad sea dicha. El sistema de relaciones que caracteriza a la sociedad Chilena y a la sociedad moderna está estructurada sobre el pilar de la propiedad privada. Hoy, este tema no está en cuestión en el parlamento. Nadie discute la existencia de este derecho fundamental. La historia señala también que Bernardo O’Higgins reconoció el Estado Mapuche y hoy, eso está en el olvido. Chile se ha apoderado de todo el terriorio mapuche y ha instalado la cosmovisión occidental y está lejos de promover la cosmovisión mapuche. Esta cosmovisión sí señala que no es posible ser dueños de la Madre Tierra. Solamente somos sus servidores y cohabitamos junto a muchas otras especies. Hoy, somos muchos a señalar que el debate ha de centrarse en un Nuevo Consenso. Este consenso debe oir la Voz de la Cultura que por milenios se instaló en el territorio que ocupamos. Sugiero que imaginemos juntos cómo transitar desde la visión de la propiedad individual a asumir la cosmovisión de la propiedad comunitaria.

La propiedad privada y la elevación que tiene en el ordenamiento jurídico es un símbolo de la cultura de límites. Esta cultura se basa en la importancia que asigna nuestra sociedad al progreso en el mundo material. El mundo de los sueños, aquél en el que todos convivimos cuando dormimos es el mundo en que no tenemos límites y a ese mundo, los Mapuches siempre le han otorgado gran relevancia. Su cultura nos enseña a transitar entre el mundo de los sueños y el mundo material. Desde esta perspectiva aprendemos que somos ilimitados.

Existen numerosos registros que además dan cuenta de la manera en que los chilenos fueron apropiándose de las tierras mapuches. El libro del Parlamento de Coz Coz es un vivo retrato de esta historia de expropiación, hecho a la fuerza y con engaños. Quizás lo más importante del registro acerca de cómo los chilenos despojaron a los Mapuches de sus tierras tiene que ver con una cultura transversal de discriminación y de considerar a los habitantes mapuches seres inferiores, que incluyó a jueces, abogados y a todos los intermediarios que posibilitaron esta barbarie.

Este escenario me permite señalar que la condición de ser inferior hemos de adjudicársela al discriminador. El ser superior es el que se reconoce como miembro de una familia planetaria. Considero que ese es nuestro destino: reconocernos como familia. Aquí está el quid del asunto. Al catalogar de terrorista al pueblo Mapuche por organizarse para recuperar su estilo de vida tradicional, solamente estamos poniendo en evidencia que el pueblo que ha equivocado el camino para tratar a otra Nación es el Pueblo Chileno.

Hemos subvalorado la cultura Mapuche e impuesto un estilo de vida. Los medios de comunicación masivos suelen retratar este ideal chileno, como el ideal de la riqueza, fama y sexo. El ideal del consumidor y del derrochador. Todos hemos aceptado este orden de cosas. Es tiempo de organizarnos para frenar la evolución de esta forma de pensar y para revalorar la cosmovisión que entiende la propiedad colectiva y que nos recuerda que somos ilimitados.

Las tecnologías de la información permiten claridad sobre este asunto. Podemos informarnos sobre lo que piensan los sabios mapuches.

De esta manera queda por señalar que el pueblo Mapuche es un pueblo que nos enseña acerca de cómo construir paz. Dicha cosmovisión nos incentiva al diálogo con el mundo espiritual y nos enseña lo mismo que lo que responde el indio de Seattle al gran jefe blanco: ¿Cómo puede tener precio la Tierra, el lugar donde están enterrados nuestros ancestros? Somos servidores de la Madre Tierra, de la Ñuque Mapu. Este es el camino de la evolución de la conciencia. Este es el entendimiento que debemos asumir.

Existen situaciones de violencia que causan personas de la etnia Mapuche. Sí. Eso acontece, y hemos de entender que es simple expresión de la desesperación pero en ningún caso a la luz de lo observado puede calificarse a la etnia Mapuche como terrorista. Más bien habríamos de construir un monumento a la paciencia que ha tenido este pueblo para perseverar en enseñarnos de algún modo que nuestro sistema de relaciones chileno está enfermo y en crisis terminal, que somos los que hemos dañado a nuestra Madre Tierra y quienes hemos alterado el clima en la Tierra y que requerimos actuar ahora, rectificando nuestras conductas y adoptando la sabiduría de quienes sí, siempre han sabido, cómo relacionarse con nuestro planeta.

Juan Pablo

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