El maestro Argüelles convocándonos al estudio de Shambhala y Cammelot

La Campaña por la Tierra es el plan o designio para el tránsito de una casa mental a la siguiente. En el año 1992 D.C., el plan iniciado en la Convergencia Armónica habrá estabilizado al mundo, aunque de ninguna manera esto quiere decir que todas las cosas estén domadas. Como un giroscopio que ha llegado a un balanceo temporal, y luego vuelve a estabilizarse, así la Tierra, una vez más en su ruta, trazará su onda elíptica alrededor del Sol. Inspirada e iluminada como una conciencia movilizada en resonancia consigo misma, y dentro de las paredes de membranas del sistema Solar, la Tierra estará tan solo a una sincronización de la entrada a la Federación Galáctica.

Como el movimiento inicial de regreso hacia la corriente evolutiva central, desde cuya línea de plomada, la última civilización industrial representó una notable aberración, la campaña por la Tierra será activada por caracteres o personajes arquetípicos humanos que expresan impresiones re-imprimidas por las frecuencias galácticas en la Convergencia Armónica. Y no sólo eso, sino que muchos humanos también aprenderán que ellos expresan variaciones de la misma impresión. La membrana común poseerá el planeta una vez más. En medio del regreso de recuerdos e impresiones, los principales serán los del Rey Arturo y el reino de Shambhala.

La resonancia arquetípica clama por un círculo, por una mesa redonda de doce Caballeros y un Rey – de nuevo el trece mágico – para restaurar el Reino de Avalon. Avalon es la Tierra, y el Reino es nuestra regencia resonante y consciente sobre esta hermosa Tierra. Como un clan comprometido en la guerra, los Caballeros de la Mesa Redonda renacerán como la voluntad, para movilizarse y sacrificarse en beneficio de la causa de la Tierra, que es la causa de la luz. Todo verdadero guerrero está ligado por el servicio a la luz.

Mientras la Mesa Redonda Arturiana resume el número trece de los mayas, el mito de Shambhala, el reino mítico del Asia Central, es un eco de los nueve Señores del destino galáctico, los señores mayas del tiempo, llamados en el Tibet los nueve grandes Lha. El mismo reino de Shambhala es el noveno, y es la figura central en un valle rodeado por ocho grandes montañas.

Sus habitantes, inspirados en las enseñanzas de la Kalachakra Tantra, la Rueda del Tiempo que recibieron de sus Reyes, todos ellos obtuvieron una condición de iluminación colectiva, y por eso ya no fueron visibles en la Tierra.

Pero, de acuerdo a enseñanzas dejadas atrás, existe la promesa de un regreso para ayudar a libertar al mundo del azote de los “Tres Señores del Materialismo”.

Este regreso se efectuará con la liberación de un arquetipo conocido como los Guerreros de Shambhala. El propósito del regreso es establecer el Reino de Shambhala en la Tierra. Pero entonces, ¿cuán diferente es este del regreso de Avalon, de los mandatos de Cristo referentes a la entrada en el reino de los cielos, o del regreso de Quetzalcóatl para restaurar un nuevo reino de trece cielos?

Cada variación arquetípica se enhebra como una cuenta de la percepción interior respecto al Zuvuya de los mayas. Como una resonancia múltiple, el mito abre sus puertas a una realidad que es profundamente inter – dimensional. El gran regreso de la Convergencia Armónica, es entonces como el despertar de un trance cultural. Es la oportunidad para todos de vincularse al Factor Maya y, en una palabra, de recibir la marca galáctica. Aunque a primera vista no parezca que somos mayas, para cuándo lleguemos al momento de la sincronización galáctica, nuestro modo de vida será en todo aspecto, moldeado según el estilo de vida de los mayas que nos precedieron en América Central.

Y nos encontraremos como mayas planetarios, poseyendo una tecnología espléndidamente sencilla y sofisticada, basada en el apareamiento de las frecuencias solar y psíquica, que armonizan la “proporción de los campos sensitivo?. Creando una tecnología no contaminante, nos permitiremos subsistir confortablemente en pequeños grupos bio-regionales enhebrados conjuntamente como nodos de información, en un sistema de comunicación que finalmente ha descartado los alambres.

Y por último, valiéndonos de los ratos de ocio a los que nos ha adaptado nuestra genética, colectivamente llegaremos al conocimiento como si fuésemos una sola persona. Y en ese conocimiento, nuestra vida pasará a formar parte de una vida más grande. El misterio de lo desconocido, que siempre ha estado haciéndonos señas, por la luz contenida en su interrogante, nos expandiría a otros niveles del ser y del conocimiento no imaginados por el ego que se ha consumido en la lucha de la antigua casa mental. Como índice del grado de aceleración planetaria, la tecnología realmente se habrá transformado a sí misma. A través de la sincronización, esta transformación nos mostrará que con toda nuestra utilería bio – electromagnética, y con la programación galáctica del cuerpo de luz, somos nosotros mismos, los mayas que han regresado, quienes somos en nuestros propios cuerpos la mejor y más sofisticada tecnología que existe – somos el camino más allá de la tecnología.

Extracto de Libro el Factor Maya. José Argüelles

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