Unidad para la nueva sociedad

¿Cómo logramos acuerdos en estos temas?

En este tiempo convergen los pueblos, los discursos, las personas, las organizaciones y las naciones porque nos damos cuenta de los peligros que traen las emergencias. Las migraciones masivas, la alteración climática, la contaminación y las desigualdades sociales caracterizan nuestra sociedad actual. La situación es insostenible y el cambio inevitable. El sentido de los cambios es aquello que nos ocupa.

Las convergencias traen claridades. El movimiento unitario en virtud del cual pretendemos diseñar e implementar un nuevo orden social global se está produciendo y existen diferentes instancias que lo promueven. Las circunstancias favorecen la posibilidad de incidir en el gran relato porque gozaremos en Chile y a fines de año de la atención mundial ya que se realiza una cumbre de Presidentes llamada COP25.

En este documento pretendo resaltar las tensiones que distingo y que nos convocan a dialogar profundamente.

Como cuestión principal creo que lo que está a la orden del día es la necesidad de aprender a lograr acuerdos.

1.- ¿La lucha o la erradicación de la palabra lucha»?

Bastantes personas y movimientos se reúnen en torno a la idea de luchar contra el enemigo que defiende el sistema imperante. Este enemigo a veces tiene nombre de persona, de corporaciones y/o gobiernos o es simplemente; el sistema.

Mi opinión se suma a la de los ancianos indígenas Hopi de Oraibi, éste es el tiempo de erradicar la palabra lucha de nuestro vocabulario.

Creo que existe consenso en el movimiento de consciencia que surge que es el modo de vida que impera y que es alentado por los grandes medios de comunicación masivos el que precisa ser cambiado. El nuevo comportamiento que nos pedimos requiere enaltecer los valores que emergen como la solidaridad, la fraternidad, la vida en paz, el cuidado de todo, de la Tierra, de nuestras relaciones y de nosotros mismos.

Una perspectiva posible es que el sistema imperante debe ser destruido y que el modo de lograrlo puede incluir todas las formas que se imaginen necesarias.

Mi manera de ver es que el sistema ya colapsó. La masiva extinción de especies que está ocurriendo a una tasa de 200 por año, las desigualdades sociales y el descontento generalizado que provocan nuestros gobiernos bajo la idea del crecimiento económico como desarrollo son tres razones que aluden a nuestra relación con la Tierra, con la Humanidad y con nosotros mismos y son suficientes cada una por sí sola para que todos estemos de acuerdo en cambiar de sistema.

Creo que la Humanidad no defenderá el sistema de relaciones que gobierna actualmente y que el modo más eficiente para autoconvocarnos a realizar una transición hacia una nueva civilización es enfocar nuestra atención en el estudio, diseño y en la implementación de un sistema que sí promueva la felicidad. La visibilización del modo en que saldremos de la crisis no creo que opere por la masificación de un discurso sino por la vía del ofrecimiento de experiencias de vida que eleven la vibración. El discurso requiere de una acción consecuente.

Estamos en plena transición de una civilización decadente donde la ética no tiene un lugar destacado a otra civilización que cuide la vida.

La alegría, la compasión, el perdón, el amor, la paz y la felicidad reflejan estados de vibración altos y la consecución de aquello pasa por la limpieza personal interior de los problemas que ofrece este mundo. La meditación resulta en este sentido fundamental porque nos limpia la mente y los pensamientos. Así podemos ofrecer palabras que puedan fluir con la corriente que nos lleva hacia la la sociedad que visionamos: una sociedad feliz, la sociedad donde reina el amor, la sociedad pacífica y justa que ambicionamos en lo más profundo de nosotros. Shambhalla es el nombre que se da en Oriente a esta sociedad que soñamos y visionamos, hablamos de una sociedad iluminada.

El poder de la palabra nos invita a comprender su fuerza constructiva. Invocar la palabra lucha es invocar una fuerza que se opondrá y es imaginar un enemigo al cual doblegar. Supone la separación en dos bandos y la divisón entre ellos y nosotros. Por ende, en un sentido estricto no veo compatible la idea de promover la unidad y de promover la lucha.

Los Ancianos de Oraibi, distinguidos por algunos estudiosos como aquellos indígenas que mantienen prístino el relato originario, nos invitan a fluir. Lo cual se condice por cierto con la expansión de conciencia que vivimos. No es una expansión de conciencia como la que nuestra historia nos dice que provocó el cuidado del fuego, sino que la expansión de conciencia de hoy pasa por comprender y cuidar al elemento agua. El agua es un elemental que purifica, que nos trae el recuerdo y la memoria de quiénes somos, que nos invita a fluir y a descender hasta el Gran Océano de la Unidad que somos. El elemento agua desciende y por ello estamos invitados a descender hacia nuestra propia profundidad a re-descubrir quienes somos. Es por ello que quienes animamos esta web declaramos que «somos paz».

Por último, de haber un enemigo al cual doblegar ése podríamos encontrarlo dentro de nosotros. Es ese saboteador que a veces nos lleva por la senda de la flojera, de la falta de compasión, que nos irrita o nos hace explotar de rabia. ¿Con qué derecho queremos acabar con un supuesto enemigo externo si no hemos sido capaces de lograr un comportamiento ejemplar que cuida la vida en nosotros mismos?

2.- La Paz como valor absoluto no es un consenso. Creo que debiese serlo, por algo declaramos en este movimiento que «Somos Paz». Es nuestra verdadera naturaleza.

La no violencia como camino no parece ser una cuestión aceptada universalmente en este gran movimiento de convergencia que se produce porque la Madre Tierra está con fiebre y su temperatura y sus climas están cambiando. Ahimsa, la palabra que Mahatma Gandhi popularizó y que es reducida al español como «no-violencia» significa una actitud de vida, que no hiera, ni dañe de acción, palabra o pensamiento a ningún ser vivo.

La idea de no herir siquiera en pensamiento a otro ser vivo nos invita a comprender que esta palabra sánscrita es en realidad un mantra y una aspiración, que puede guiarnos hacia la nueva sociedad.

3.- La contingencia nos apura.

Múltiples movilizaciones demandan nuestra solidaridad, como los profesores y la educación, como la protección de las semillas y nuestra oposición al Tratado TransPacífico y al mismo tiempo, tenemos el desafío propio de encontrar la razón que pueda aglutinar sin lugar a dudas a todos. La pretensión es aunar voluntades globales para salir de la crisis, cuidar la Tierra y rediseñar y cambiar nuestro sistema de relaciones. El desafío es de tal magnitud que no puede ser realizado exitosamente de una manera rápida. Precisamos de paciencia y perseverancia porque requerimos cambiar la cultura de la guerra por la cultura de paz y eso significa cambiar comportamientos.

Las causas de la tardanza en lograr acuerdos se debe a las culturas organizacionales tan diversas que tenemos entre los distintos colectivos y a las fallas comunicacionales. En este proceso de convergencias descubrimos como cuestión principal entonces el valor de la palabra y el desafío de aprender a dialogar para encontrar acuerdos trascendentes.

Si las Conferencias entre las Partes que pretenden ratificar y mejorar el acuerdo de Paris no logran acuerdos trascendentes, resulta interesante que entre nosotros y en las grandes asambleas tampoco se arrojen grandes visiones colectivas con grandes soluciones.

La cautela suele ser una gran consejera en estos momentos de grandes cambios y por eso, tensiona el anhelo de responder y de apoyar a las alianzas o bien, de discrepar, con políticas u otros actores.

4.- ¿Descentralización?

El evento de la COP25 y la APEC se realiza principalmente en Santiago y las convergencias alternativas pretenden descentralizarse. La cuestión es que esta vez no se trata de un evento nacional, sino global.

Existen tensiones entre nuestra voluntad de afirmar la organización local, nacional, latino y/o hispanoamericana o global.

Considero que nuestra organización debe atender a múltiples niveles y dimensiones y una principal, es a reunirnos en torno a cuencas hidrográficas.

Juan Pablo Lazo

 

Ideas para encontrar acuerdos

por Marcela Hernández.

 

«Una de las principales fuentes de conflicto y resentimiento en las relaciones humanas es la falta de claridad en nuestros acuerdos. No en vano, la comunicación efectiva es uno de los temas más solicitados en los programas de capacitación empresarial.

A partir de una promesa o un acuerdo creamos una realidad distinta a la que vivíamos -tanto para nosotros como para la otra persona involucrada en el compromiso-. Por ejemplo, cuando un jefe acuerda con su colaborador un ascenso a partir de ciertos resultados, está abriendo toda una gama de nuevas posibilidades para ambas partes.

Si observamos a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que gran parte de lo que nos rodea descansa en la capacidad del hombre para hacer promesas y generar acuerdos: nuestra familia;  trabajo; nuestro sistema económico, político y social, etcétera.

Sin embargo, es muy común que los acuerdos se rompan o que no den los frutos esperados. Por todos lados podemos observar rupturas en las relaciones, demandas por incumplimiento o simplemente a muchas personas frustradas por no haber obtenido lo que esperaban.

Claves para generar acuerdos efectivos

1. Utiliza el poder de las peticiones

Dicen que “al que no habla Dios no lo escucha”. Uno de los grandes errores de los seres humanos es que asumimos que los demás nos adivinarán el pensamiento y sabrán qué es lo que necesitamos. Lo peor es que cuando no cumplen con nuestras expectativas les guardamos resentimiento por no brindarnos lo que jamás nos atrevimos a pedir.

Muchas veces por motivos de educación, creencias, ego, etc., las personas no sabemos o no podemos hacer peticiones. Piensa que lo peor que puede pasarte es que te digan que no, y la negativa es sólo hacia tu petición no tiene nada que ver contigo.

De acuerdo con Rafael Echeverría, uno de los principales propulsores del coaching ontológico, “no pedir no solo condiciona una determinada identidad y resulta en una particular manera de ser, sino que es un factor que define el tipo de vida que podremos esperar”.

¿Qué sería distinto en tu vida, si te atrevieras a pedir lo que necesitas?

2. Bríndate a los demás

Así como hay personas a quienes les cuesta mucho trabajo pedir, también hay a quienes no les gusta proponer u ofrecer su apoyo a otros. Prefieren mantener un bajo perfil y pasar inadvertidos ante los demás para no verse inmersos en un compromiso y evadir responsabilidades.

Así como nuestra forma de pedir determina nuestra identidad y nuestros resultados, también nuestra pasividad para brindarnos y hacer ofertas a los demás tendrán un impacto importante en la calidad de nuestras relaciones.

3. Claridad en la comunicación

No es lo mismo una queja que una petición. Hablar de lo que nos molesta o de nuestras inconformidades -ya sea de manera directa o indirecta- no significa que estamos generando un acuerdo o una petición para que las cosas cambien.

Es necesario que nuestras peticiones y ofertas sean claras, y que la persona a la que se las hacemos esté consciente de que necesitamos algo de ellas o bien que estamos haciéndoles una propuesta.

También del lado del oyente es importante que haya claridad y honestidad en su respuesta para aceptar o rehusarse a una petición u oferta. Cuántas veces no accedemos a hacer algo que no queremos sólo por pena a decir que “no” y en realidad no estamos dispuestos a cumplir con nuestra promesa. Estamos generando conflictos y malestar innecesarios.

4. Verifica las condiciones de satisfacción

Recuerda que cada cabeza es un mundo y que quizá la persona con quien hiciste el acuerdo entendió algo distinto a lo que tú pediste u ofreciste. Verifica lo que el otro escuchó y asegúrate que comparte contigo las condiciones de satisfacción del acuerdo. De esta manera evitarás malos entendidos y futuras frustraciones.

Es posible que una de las partes considere que el acuerdo ya fue cumplido pero no ha verificado el nivel de satisfacción de la otra persona. Simplemente da por sentado que el ciclo de la promesa se cierra en el momento en que se llevan a cabo las acciones acordadas.

Nuestra competencia para generar acuerdos efectivos, es la base para mantener la armonía en nuestras relaciones -en cualquier ámbito- y una herramienta muy poderosa para coordinar acciones con los demás.

¿Cumples tus promesas? ¿Qué consecuencias te ha traído no cerrar de manera adecuada tus acuerdos?»

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