Nuestro aporte al proceso Constituyente

A los candidatos al proceso Constituyente

Chile se exportó como el modelo exitoso del capitalismo. Eso concluyó el 18 de Octubre con millones de personas en las calles demandando transformaciones y el fin de los abusos. La elite que no vio venir estas manifestaciones masivas logró un acuerdo por la Paz en el Congreso Nacional en virtud del cual se agendó un itinerario que incluyó un plebiscito para definir el modo de construir los nuevos acuerdos.

El plebiscito logró un 51% de adhesión. El 49% se abstuvo. Un 39% votó Apruebo y un 10% votó rechazo. La legitimidad del acuerdo por la Paz no es cuestionada por la elite y por tanto se mantiene en el plan de elegir a los Constituyentes.

Muchísimos candidatos se han lanzado en sendas campañas para sumar sus planteamientos y permitir que los nuevos acuerdos permitan la emergencia de una nueva sociedad.

¿Qué Nación? ¿Qué territorio?

Tenemos muchas amistades de gran inteligencia y probidad que han creído que este es un buen momento para ir de candidatos y ofrecer alternativas. A ellos y a ellas nos dirijimos porque creemos que tienen buenas intenciones  y un buen corazón.

Las asambleas constituyentes son espacios de conversación que ocurren en momentos excepcionales de la vida de una sociedad. Ocurren cuando la crisis que acecha a esa sociedad es mayúscula y el descontento general no permite a los gobiernos encontrar una senda armoniosa para caminar juntos.

Pues bien, el pequeño grupo que logró el acuerdo por la paz aunó múltiples criterios e ideas en su propuesta impidiendo cuestionar conceptos que están en la base de la organización social.

¿Quiénes somos? El acuerdo por la paz supone que es la Nación Chilena la llamada al proceso Constituyente. ¿Qué valores tiene la Nación chilena? ¿Estamos todos unidos tras la bandera de quienes sometieron a los Mapuches en la guerra llamada Pacificación de la Araucanía? ¿Estamos todos unidos tras el lema por la razón o la fuerza? ¿Estamos todos unidos en continuar sosteniendo un calendario que honra a Julio César y a César Augusto? ¿Pretendemos continuar honrando la cultura romana que se basaba en el sometimiento de otros pueblos para aumentar su poder y riqueza?

No. No estamos todos de acuerdo en pertenecer a la Nación Chilena tributaria en su cosmogonía de la tradición occidental greco-romana y judeo-cristiana. Queremos encontrar pertenencia en un colectivo que se sepa oruga transformándose en mariposa. La mutación que queremos es total. Esta sociedad es corrupta y narra la historia como si estuviésemos en la cúspide de la evolución cuando realmente nos encontramos en la decadencia total. Estamos causando una extinción masiva de especies y replicando el sufrimiento por doquier.

¿Cómo puede Chile cambiar realmente cuando el mundo se ha globalizado y las corporaciones multinacionales gozan de un poder que sobrepasa al de los Estados Nacionales? ¿Existe ingenuidad de creer que en Naciones Unidas se toman grandes decisiones? ¿O sabemos que las toma de decisiones está ocurriendo realmente en Wall Street, en el foro económico de Davos, en Washington o Pekín, y en la casa de las grandes fortunas de este mundo? Acaso no es obvio que el cambio es global, o no puede serlo. El cambio además de ser global, precisa producirse en nosotros mismos, en nuestras conductas y en nuestros pensamientos. Ésa es la senda posible.

El acuerdo por la Paz también quiere definir por todos nosotros la noción de territorio, acotándolo a los límites fronterizos de «Chile».

Descolonizar significa poder cuestionar a Chile, porque Chile continuó y profundizó la colonización que trajeron los españoles. La colonización impuso la idea de Estado Nación y sometió a los Mapuches tanto como redactó la historia tildando al genocidio étnico como «Descubrimiento y Conquista». Invitarles a los mapuches y a las demás etnias que pueblan el «territorio chileno» a un Estado Plurinacional no es sino la sofisticación del sometimiento de esas etnias a la manera de pensar occidental.

Hoy, la realidad global que se promueve por los medios de comunicación masivos es el endiosamiento del dinero y del capital y se tiene por dogmas al Desarrollo como sinónimo de crecimiento económico y se eleva al rango de derecho principalísimo a la propiedad privada.

La sabia ecofeminista guatemalteca Lorena Cabnal llama a los Estados Nacionales: Estados Nacionales Coloniales. Elocuente.

La activista Arhuaca Ati Quigua expresa que la civilización occidental limita el territorio a la carta geográfica cuando el territorio en su cosmogonía indígena originaria abarca la luna, las estrellas, el sol, los pensamientos, los sentimientos y el imaginario colectivo. Creemos que en estas expresiones, sí hay sabiduría y que acá no obviamos ese alimento para la conversación.

El acuerdo por la Paz nos impidió cuestionar la Nación y el Territorio donde nos vamos a constituir.

¿Qué piensas tú, candidato y candidata constituyente a este respecto?

¿Es auténticamente posible constituir una nueva sociedad comenzando de esta manera? ¿Cuál es tu plan para encausar esta conversación y permitir la participación de quienes mayoritariamente nos opusimos a aceptar lo que subyace en el acuerdo por la Paz? ¿Con qué derecho se impide nuestra participación si es que la mayoría no validó el acuerdo por la Paz? Inclusive, es sabido que muchos de los que votaron Apruebo lo hicieron pensando «Es lo que hay». Y muchos que conocemos que recharzaron, en realidad no son de derecha sino que rechazaron a la casta política en arrogarse el poder de hablar en nombre de la voluntad soberana.

Hoy, es tiempo de escuchar profundamente a la voluntad soberana. Eso requiere paciencia y perseverancia.

Queremos participar y vamos a participar, porque la cosmovisión que se levanta nos invita a la co-creación, a la invocación del genio colectivo.

Estamos cuestionando la idea de representación y lo hacemos explicándolo con peras y manzanas. Por definición, la representación es una falsedad. Es dar por cierto lo que no lo es. Es dar por cierto que la voluntad de una persona concentrará la voluntad de todos sus electores e inclusive de toda la sociedad, hayan votado a favor, en contra o se hayan abstenido. ¿Cómo puede funcionar en esta hora de desconfianzas un proceso que siga apostando por estas fórmulas?

La dicotomía democracia o dictadura es una falacia. Nuestra creatividad es ilimitada y por ende, nuestro diálogo ha de comenzar en la coeducación para el logro de acuerdos profundos y satisfactorios. Aprender a dialogar, a escuchar y a llegar a acuerdos es lo que cae de cajón en nuestra sociedad, no chilena, sino que global.

A los candidatos a la Convención Constituyente

Me dirijo a los candidatos amigos y amigas que van a la Convención Constituyente para consultarles si ¿coinciden en la perspectiva planteada? Y consultarles para que se pronuncien al respecto.

¿Consideran legítimo un proceso constituyente avalado por el 39% de las personas con derecho a voto?

¿Consideran legítimo que se nos impida cuestionar las nociones elementales de Nación y de Territorio que la elite validó y que tiene por obvias? Recordemos que es esta misma elite la que no vio venir el estallido social y que ese estallido fue producto de la absoluta indignación reinante. Esta sociedad no ofrece sentido porque no cuestiona lo esencial y ¿porqué vamos a permitir que el proceso constituyente sea amañado como siempre por quienes más tienen?

¿Consideran que no podemos soñar en una Nación Humana Universal, una Nación del Arcoiris? El fundador de la ecoaldea de Figueras, Trigueirinho, señala que emerge una nueva Nación que se caracteriza por traer los imposibles a los campos de lo posible. Se pensaba imposible un proceso constituyente y en un chasquido de dedos estamos siendo pioneros en el mundo y nos hemos ganado el derecho a cuestionar los cimientos sobre los que se ha construido esta sociedad. Esta carta se fundamenta en la motivación que nos produce la lectura del momento actual. Está ocurriendo la profecía que declararon nuestros sabios ancestros. Volvemos nuestra mirada al origen. Los vientos soplan a favor. Los profetas serán redimidos para siempre nos decía Padmasambhava hace cientos de años atrás. Así están las cosas.

Ésa es la lectura que tenemos del momento histórico que habitamos. Éste es el momento de invocar el milagro del fin de la industria de la guerra, del fin de las fronteras políticas y mentales, del fin del colonialismo y del comienzo de una era dorada de paz en la que podamos vivir en armonía con todos los seres del mundo visible e invisible.

¿Consideran que el mecanismo de los representantes es el único y no es posible encontrar un modo de incorporar a todos quienes tenemos una opinión en la conversación?

El mecanismo que la elite puso en práctica impidió el debate de fondo. El debate de fondo incluye la descolonización, porque si hemos llegado a esta crisis se debe a una mentalidad que ha sido implantada y que nos ha traído al borde de un colapso. Esa mentalidad no ha sido cuestionada en el acuerdo por la Paz. Los cambios cosméticos que puedan imaginarse dentro de la cancha rayada están condenados al fracaso porque no cuestionan la esencia, que es la cosmovisión dominante en la que reina la ilusión de la separación.

Nos mantenemos dialogando en el proceso Constituyente de una sociedad amorosa, pacífica que erradique la ignorancia acerca de nuestra verdadera identidad y que se vuelque a promover la sanación, la comunicación empática, los acuerdos profundos, la limpieza de todos las aguas y la autorrealización de todos los seres.

Seguimos conversando hasta que Shambhala sea revelada ante los ojos de todos y todas. Vivimos en el Paraíso y lo vamos a defender con nuestra calma y nuestra felicidad. La mirada sobre el paraíso es posible porque es auténtica. La mirada sobre el infierno es solamente producto de la ignorancia de comprender la naturaleza esencial de Ser Humano. Recordemos. Humanos viene de Humus, Humildes como la Tierra.

¡Que viva la Patria Cósmica!

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