Un puente transparente.

Es a todas luces una exgeración la idea que la información sobre la compraventa de un puente afecte la Seguridad Nacional. Así lo corrobora el Consejo para la Transparencia en el caso del Puente Mecano sobre el Bío Bío al pedir los antecedentes al Ministerio de Defensa.

El Ministro Ravinet afirma, en su recurso de reposición que la decisión del C.T.I.P. «demuele el secreto militar». Se ampara en el Art. 436 del Código de Justicia Militar.

Este Art. 436. señala «Se entiende por documentos secretos aquellos cuyo contenido se relaciona directamente con la seguridad del Estado, la Defensa Nacional, el orden público interior o la seguridad de las personas …» y detalla cuatro casos, ninguno de los cuales, incluye la construcción de un puente.

Ocurre un hecho muy simple. Por muchos años, el movimiento ciudadano ha estado trabajando por la Transparencia de los actos públicos. Esta ley representa un avance tanto en el reconocimiento de los derechos ciudadanos, como para el proceso de Modernización del Estado, por cuanto además de mejorar los mecanismos de control social, impulsa reformas de segunda generación en materia de gestión pública. Es una verdadera revolución administrativa a la que asistimos como protagonistas.

Acotaba don Moisés Sánchez,  Director Ejecutivo de Fundación Pro Acceso, a inicios del 2009 que «Este 20 de abril debe considerarse no el término, sino el inicio de un proceso de mejoramiento continuo que lleve en el corto plazo a construir un Estado realmente al servicio del ciudadano».

Cabe puntualizar que el ciudadano de hoy y cada vez más, con hechos como el de la solicitud realizada por el sr. Paulo Montt, en representación de la empresa inglesa que no se adjudicó el puente mecano, asume las conquistas sociales y las tecnologías de la información para avanzar hacia un mundo desarrollado o evolucionado, como queramos afirmarlo.

La falta de entendimiento de esta situación que han demostrado tanto el Ministro como el Subsecretario, les ha llevado a emprender una defensa con expresiones desafortunadas. Han usado frases que pueden tener acogida en el mundo militar al apelar a lo «Serio» de la situación, o al compromiso de «la Seguridad Nacional». Sin embargo, las conquistas sociales y las herramientas de que disponemos justamente nos entregan información suficiente para obrar con la sabiduría que ameritan los tiempos.

Sabemos que Suiza y Costa Rica no tienen Ejército. Bolivia – nuestro vecino – ha proclamado en su flamante Constitución de 2009  en su Artículo 10; que «Bolivia es un Estado pacifista, que promueve la cultura de la paz y el derecho a la paz». Es nuestro ejemplo evidente a seguir.

Es cierto que las cifras del mundo militar aumentan día a día. De acuerdo al Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), al día de hoy son 1400 millones de dólares diarios que se gastan en el industria militar. La industria militar y quienes están detrás de las guerras requieren la infusión de miedo en la sociedad para poder sobrevivir. Justamente, la tendencia de la sociedad civil organizada es hacia la propagación de la confianza; por algo el slogan del Foro Social Mundial señala «Otro Mundo es Posible». Un mundo sin miedo y sin violencia. Un mundo en paz.

Lo esencial de la encrucijada

Aquí, lo relevante es lo siguiente. La tendencia de los cambios globales acelerados que vivimos requieren la atención general. Nuestra causa común es la promoción de una Cultura de Paz. La sentencia del Consejo de la Transparencia ha notificado el día de hoy, de la envergadura de los cambios que se aproximan y para ello, lo más sano es que se comprenda que es de sentido común que la inexistencia de las Fuerzas Armadas es deseable. Su fin implica el término del temor a la agresión ajena. Nada mejor. Por ello requerimos unirnos para trabajar mancomunadamente en la eliminación de las causas que provocan las guerras. En especial, es el mundo militar el que requiere adaptarse a estos nuevos tiempos.

Al respecto el preámbulo a la Constitución de la UNESCO aclara: «Puesto que las guerras nacen en las mentes de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz». Es por esto que hablar de paz suele ser, hablar de meditación.

Una propuesta para continuar avanzando en la eliminación del miedo es retomar una vieja discusión en torno al nombre de los Ministerios de Defensa. En muchos países se ha optado, a petición de la ciudadanía organizada, por llevar el nombre de Ministerio de la Paz. Su propósito es recordar en todo momento para qué se trabaja. La transparencia y la tendencia a la eliminación de los secretos tiene este propósito: que todos sepamos, siempre, en qué mente se anida tal rabia, o tal miedo, que pueda ser capaz de comprometer un acto violento que arrastre a todo un pueblo, a toda una Nación a la barbarie.

Es patriarcal y anticuada la visión por la cual la Paz importa la ausencia de guerras. La paz es una actitud positiva constante, se siembra en cada gesto y en cada palabra. Es el retorno a la ternura.

Frente a este escenario, nada mejor que saludar la actitud del Ex Comandante del Ejército y actual Subsecretario, el Sr. Óscar Izurieta de descartar el oscurantismo. Los recursos públicos requieren un escrutinio acabado y una capacidad de discernimiento para emplearlos en aquello que sea verdaderamente provechoso para la paz del pueblo.

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