Una opinión sobre los DMT

Los Derechos de la Madre Tierra o derechos de la Madre Naturaleza
Un gran movimiento emerge dentro de la crisis actual y que se orienta para ofrecer una solución. Es el movimiento de promueve la consagración de los derechos de la Madre Tierra o de la Madre Naturaleza.
En su esencia, es un movimiento que invita a cambiar la cultura antropocéntrica, centrada en el Ser Humano por una cultura biocéntrica, centrada en el cuidado de todos los seres vivientes.
Desde esta perspectiva, adherimos a los Derechos de la Madre Tierra en sus propósitos.
Alcances
Existen alcances a realizar, desde mi perspectiva, para que este movimiento logre mayor capacidad de articulación.
Un movimiento que coopera con la solución a la crisis
Entiendo que este movimiento merece declararse en colaboración para hacer frente a la crisis multiconvergente a la que asistimos.
Al exponer esto, llamo la atención sobre el fenómeno por el cual en la Red de CASA Latina este movimiento de los derechos de la Madre Tierra es el único que tiene un espacio en el centro de la chakana. No obstante, CASA Latina es una asociación continental de personas que adhieren a múltiples movimientos y consideramos que no es buena estrategia privilegiar el apoyo a un movimiento que encarna la nueva conciencia, por sobre otros que expresan visiones que también merecen atenderse.
La idea de privilegiar el apoyo exclusivo o principal a este movimiento me parece un desacierto por dos razones:
1.- Porque limita la gran conversación en curso
2.- Por ser confuso
1.- La claridad que emerge de la conversación con quienes sostienen con fuerza el movimiento de los derechos de la Madre Tierra es que está fundado en el amor hacia nuestra Madre Tierra y en que promueve su regeneración y cuidado.
La cuestión es que la crisis actual es de tal magnitud que en nuestro territorio (Chile) ya ha ocurrido el proceso en virtud del cual hemos declarado la necesidad de un nuevo pacto social, una Nueva Constitución. No solamente eso, sino que la elite dominante logró tan solamente un 39 % de aprobación a la estrategia vinculante nacida del Acuerdo por la Paz. En definitiva, como lo sabe cualquier abogado constitucionalista, estamos frente a una situación de extraordinaria excepción en virtud de la cual el pueblo se está arrogando, a sí mismo, el poder de dictar las normas fundamentales de convivencia. Por cierto, el proceso está siguiendo las líneas dictadas por la reunión de dirigentes de partidos políticos en el «acuerdo por la paz», pero «el sabio de nuestra tribu», don Gastón Soublette, afirma y comparto su afirmación, que esta crisis chilena tiene raíces globales.
En otros términos, cada persona tiene el derecho a plantear sus grandes interrogantes y a expresar las soluciones que ve. Por ejemplo:
¿La República como forma de Gobierno ha sido exitosa?
¿Continuaremos con la República y el Estado Nacional como modos de asentar el gobierno de los territorios?
¿Existen otros referentes de Gobierno en los pueblos originarios?
Éste es el momento en que todos y todas, y cada uno y cada una de nosotres tenemos derecho a dialogar profundamente, poniendo sobre la mesa las visiones que puedan llevarnos a acuerdos profundos. No es un momento para renegar de los sueños más altos, es el tiempo de revelarlos, escucharlos.
Los «Derechos de la Madre Tierra» evoca la idea de un Estado Nacional que hace cumplir la ley sobre la base de los derechos y obligaciones que contraen los sujetos de derechos. El cumplimiento de la Ley se ejerce sobre la base de un pacto social que concentra el uso de la fuerza en instituciones como el ejército y la policía.
Si el movimiento se llamara movimiento por el cuidado de la Madre Tierra, no evocaría la idea de una fuerza policial, ni de un poder legislativo, judicial y ejecutivo encargados de hacer cumplir las leyes de protección de nuestra Madre Tierra.
Desde mi perspectiva, afirmar con tanta vehemencia el término «derechos» nos lleva a limitarnos en nuestra conversación. Nos invita a creer que no existe otra posibilidad que seguir pactando y afirmando las actuales fronteras y que nuestra forma de gobierno tiene que basarse en el Estado Nacional.
El Estado, la República y el ejército son ideas que colonizaron el Abya Yala. No son ideas originarias de este territorio, más bien le son nuevas y ajenas. Por miles de años, en este territorio los pueblos se han organizado de otros modos y aún se plantean estas posturas en los lugares donde habitan personas formadas en las culturas ancestrales.
En lo personal y ante la hipotética disyuntiva de declararme chileno o mapuche, no vacilo en responder con la autorización de un kimche, mapuche.
Desde mi perspectiva, la crisis mundial y chilena es de tal envergadura que con un criterio de realismo resulta imposible resolver todos los asuntos de manera profunda, en un plazo breve y atendiendo al actual nivel de conciencia de la elite en el poder. Es por ello, que las soluciones que estamos invitados a poner en la mesa tienen que tener una perspectiva de éxito. Terminar con la República, con el Estado Nacional, la propiedad privada, los ejércitos y las fronteras me parecen ideas pertinentes a la gran conversación que pueden orientarnos a la consideración del autogobierno con diferentes fórmulas y a establecer un período de transición, que impida el colapso social. Sé bien que el debate que manejan los poderosos no permite que voces alternativas ofrezcan miradas distintas.
La Paz como palabra orientadora de la comprensión acerca de la conducta interna que puede traernos de vuelta al paraíso, también me resulta prioritaria.
En definitiva, los derechos de la madre tierra son un movimiento que evoca la continuidad de los Estados Nacionales y por tanto, en Chile, limita las posibilidades de abrir un diálogo aún más amplio si atendemos a la perspectiva de las formas de gobierno ancestral que casi siempre se usaron en nuestros territorios.
2.- El movimiento por los derechos de la Madre Tierra ha generado confusión también porque por una parte es pública la invitación a que cada territorio consagre esos derechos y en ese sentido las discusiones que existen transitan entre:
– Afirmar una ética de cuidado de la Madre Tierra y/o
– Plasmar en la legislación vigente y en la Constitución los Derechos de la Madre Tierra o de la Madre Naturaleza.
*Existen distintas posturas frente a la nomenclatura del movimiento: por los derechos de la Madre Tierra o por los Derechos de la Madre Naturaleza
La postura que pretende codificar los derechos de la Madre Tierra en nuestra legislación suele asociar además su visión a la tipificación del delito de ecocidio, para castigar a los ecocidas con períodos de cárcel.
El ecocidio importa establecer que existirán ciertas conductas penalizadas y se estima que el período de privación de libertad para los ecocidas iría entre 4 a 18 años de acuerdo a la doctrina y a la legislación comparada.
En otras palabras, frente a la gran crisis que atravesamos el movimiento que se propone al centro del movimiento de CASA Latina continúa invitándonos a soñar con que la nueva sociedad que estamos co-creando seguirá manteniendo la existencia de cárceles.
Comprendo que este movimiento dialoga con actores cuyas posturas son conservadoras, porque no se plantean ni remotamente el fin de la República, del Estado, de la propiedad privada, de las fronteras o de los ejércitos pero en la medida que también dialoga con actores que creemos en la voz de las cosmovisiones originarias, que a su vez, retratan este momento como de profecía, creo que el modo de afinar la propuesta de los derechos de la Madre Tierra es aclarando estos aspectos y por ello hago la siguientes propuestas aclaratorias:
1.- El movimiento de los Derechos de la Madre Tierra es un movimiento más dentro de los muchos movimientos que promueven una nueva conciencia, que permita la transición hacia una Humanidad de hábitos y comportamientos que posibiliten la vida en armonía con las demás especies que pueblan la Tierra.
En este sentido alentamos a que este movimiento comparta su lugar con otros movimientos en el seno de CASA Latina. Como puede ser nuestra adhesión a las Naciones Unidas del Espíritu, al Pacto Mundial Consciente, a la bandera de la Paz, al movimiento de permacultura y transición, al movimiento por el derecho humano a la Paz, etcétera.
2.- El movimiento de los Derechos de la Madre Tierra es una estrategia temporal que sirve para cohesionar actores en favor del cambio de la conciencia antropocéntrica por una cultura que honre la vida de todos los seres de todos los reinos.
En esta declaración, que es una propuesta, al referirnos a que es una estrategia temporal, expresamos que la cárcel para los ecocidas puede ser una fórmula temporal de orientar nuestra civilización hacia una sociedad donde reine la sabiduría, optando por una solución incómoda pero transitoria. Y de este modo, expresaremos que no renunciamos al sueño de ver el fin de las cárceles, de las fronteras, de la propiedad privada y de toda limitación en la mente humana.
Esto desentraña otro asunto, el motor con el que estamos invitados a actuar es el del camino del corazón, que es compasivo y no desea el mal a nadie, todo lo contrario, la regeneración de todas y de todos a una cultura de amor, de amar y amable.
Al referirnos a que el movimiento de los derechos de la Madre Tierra es una estrategia, expresamos que este movimiento no trae la gran solución a la crisis porque en su título no la exhibe. Si aclaramos que este movimiento es una invitación a una acción coordinada global, como parte de un plan mayor, que consiste en el Autogobierno en sentido trascendente, estaremos – desde mi punto de vista – acertando a poner a este movimiento en el exacto lugar que tiene.
Para mayor claridad recordemos que en el acuerdo sobre las Naciones Unidas del Espíritu se establece que la educación que se promueve considera «poner al centro el Ser y la armonía con todos los seres visibles e invisibles». Ese acuerdo sí entraña en pocas palabras una nueva/vieja cosmovisión, y en su origen tiene la legitimidad de haber sido un acuerdo alcanzado en la conclusión de ceremonias de 4 días, a lo largo de 4 años y celebrado entre líderes indígenas.
Juan Pablo Lazo Ureta
Opinión redactada con el objeto de responder a la invitación a conformar el staff jurídico del movimiento de los derechos de la Madre Tierra.

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