Shambhala

Portal abierto el 4-4-4

En pleno día 4 de abril del 2020, que en honor a la sumatoria de sus números se comprende en círculos amplios que corresponde al Portal 4-4-4.

Una de las historias acerca de este día que escuché en las conversaciones que UNIFY desplegó, fue acerca de la explicación acerca de la profecía que estamos viviendo, relatando la vida de las libélulas. Contando que nacen en el agua y allí pasan dos a cuatro años. Entonces viven un proceso de mutación y salen a la superficie, donde adquieren alas y comienzan una nueva vida.

Ese proceso de cambio de piel es una comparación posible sobre el momento que vivimos ahora. Día a día la sociedad y nosotros estamos mutando. Los relatos son concordantes: nunca una generación había vivido los cambios acelerados que hemos estado experimentando y la realidad líquida nos impide imaginar certeramente cómo será el mundo después de la Pandemia.

Segunda nota.

Hace poco me comprometí a redactar notas vinculadas las unas con las otras bajo cierta lógica que me permita ir uniendo palabras y conceptos, de aquellos que van dando sentido a la gran transformación en curso.

La primera fue un anuncio sobre esta meditación del día de hoy. Fue un comienzo tímido.

Acá me confieso abiertamente: me gusta mucho poner un punto de vista irreductible y determinado en exhibir una visión: somos paz. Somos los que estábamos esperando. Somos los que recibimos el testimonio del gran secreto de aprender a volcar la atención en lo trascendente, en lo sagrado, en el amor, en el cuidado a la vida para descubrir que allí donde ponemos la atención, se encuentra la realidad verdadera. Así, no hay nada que hacer, más que disfrutar ser quienes somos y quienes siempre hemos sido.

Esta verdad extática que nos comentan los maestros y a la que estamos invitados, porque es lo que somos y no podemos ser otra cosa, también contrasta con el juego que nos presenta el mundo fenomenal. Y aquí es donde me gusta bailar, en este camino del medio entre los misterios auténticos que pueda develar Britney Spears en sus comentarios de Instagram y la cotidianeidad profunda que nos interconecta a todo de nuestra respiración consciente.

Nos nutrimos con alimento amoroso y se nos presenta la visión shambhaliana. Foto: Mosh Retrato: Fernanda Weinstein

Sincronía Shambaliana.

Siendo mi segundo día y quizás el primero de esta cruzada por un relato concatenado, comento que leí la parte que se habla de Shambhala en el libro de Joanna Macy.

Merece ser copiado de manera íntegra.

«Llega un momento en que toda la vida en la Tierra está en peligro. En ese momento han surgido grandes potencias, potencias bárbaras. Y aunque derrochan su riqueza en preparativos para aniquilarse entre sí, tienen mucho en común. Entre las cosas que tienen en común están las armas de incalculable fuerza destructora y tecnologías que asolan el mundo. Es justo en este punto de nuestra historia, cuando el futuro de todos los seres parece colgar del hilo más delicado, que emerge el reino de Shambhala.

No se puede viajar a él, porque no es un lugar. Existe en los corazones y las mentes de los guerreros shambhala. No es posible saber si alguien es un guerreo shambhala solo con mirarle, porque estos guerreors no llevan uniformes o insignias. No llevan estandartes para identificar de qué lado están, ni barricadas a las que encaramarse para amenazar al enemigo o detrás de las cuales descansar y reagruparse. Ni siquiera tienen un territorio. Los guerreros shambhala solo disponen del espacio de las potencias bárbaras para desplazarse e influir.

Se acerca el momento en que se necesitará el gran coraje de los guerreros shambhala: coraje moral y físico. Es así porque se dirigen directamente al corazón de las potencias bárbaras para desmantelar su armamento. Van a adentrarse en los fosos y ciudadelas donde se fabrican y distribuyen las armas, van a adentrarse en los pasillos del poder donde se toman las decisiones. De este modo van a actuar para desmantelar las armas en todos los sentidos de la palabra.

Los guerreros de shambhala saben que estas armas pueden desmantelarse porque son MANOMAYA, lo que significa «hechas por la mente». Las ha hecho la mente humana, que por tanto puede deshacerlas. Los peligros que nos acechan no nos los ha causado una deidad satánica ni una fuerza extraterrestre malvada, ni un destino preordenado e inalterable. Al contrario, estos peligros surgen de nuestras relaciones y hábitos, de nuestras prioridades.

 

– Así- dijo Chegyal-, ahora es el momento de que los guerreros shambhala empiecen a prepararse.

– ¿Cómo se preparan?- preguntó Joanna.

– Se preparan en el uso de dos recursos.- En realidad, empleó la palabra armas.

– ¿Cuáles son?- preguntó Joanna, y él alzó las manos tal como los bailarines levantan los objetos rituales en las grandes danzas de lamas de su pueblo.

– Uno es la compasión. El otro es la comprensión profunda de la interdependencia radical de todos los fenómenos.

Se necesitan ambas. Se necesita la compasión porque proporciona el combustible para llegar adonde necesitas ir y hacer lo que necesitas hacer. Significa no tener miedo del sufrimiento de tu mundo, y cuando no tengas miedo del dolor del mundo, nada podrá detenerte.

Pero por sí solo este recurso es muy caliente; puede quemarte y lastimarte. Por eso necesitas la otra herramienta, la comprensión profunda de la interconexión radical de todo lo que es. Cuando la poseas, sabrás que esta no es una batalla entre buenos y malos. Sabrás que la línea entre lo bueno y malo atraviesa el paisaje de todo corazón humano. Y sabrás que estás tan entretejido en la red de vida que incluso tus actos más pequeños tienen repercusiones que vibran por toda la red, más allá de nuestra capacidad de ver. Pero esto es más bien frío, incluso un poco abstracto. Por eso necesitas también el calor de la compasión.

 

Esto es lo esencial de la profecía. Si has visto a los monjes tibetanos cantando y haciendo gestos, o mudras, con las manos, es muy probable que sus manos estén realizando la danza de la interacción entre compasión y sabiduría, que cualquiera de nosotros puede encarnar a su propio modo.»

Sri Jai

Páginas 141,142,143 del libro Esperanza Activa de Joanna Macy y Chris Johnstone, Ediciones La Llave. Primera edición Mayo 2018.

Nota 1.

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